Feministas por la igualdad, Ser feminista y la independencia que ello conlleva

 

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Ser feminista y la independencia que ello conlleva

Cuando yo era joven el feminismo consistía en tener los mismos derechos y obligaciones que los hombres. Que no se discriminara por razón de sexo. Que no hubiera desigualdades ante la ley porque, como personas y pertenecientes al género humano, todos tenemos el derecho de que nos consideren como iguales.

En esos pensamientos estaba y tenía el pleno convencimiento de que ser feminista era no depender de un hombre para vivir o sobrevivir. Ganarme un sitio en la vida por méritos propios. Pelear por una posición en las mismas condiciones que cualquier otra persona, y digo persona, independientemente de su sexo. Mantener una autonomía suficiente que me otorgará el estatus de ser libre y no atarme a nadie para salir adelante, sino compartir con alguien sin dependencias.

Así he educado a mi hija con la satisfacción de que no sienta la obligación de unirse a alguien por lazos que no sean sino de amor o cariño. Para que, en el caso de que ese amor desaparezca, no se sienta esclavizada a seguir con algo que no desea por razones de supervivencia. La he enseñado a luchar por conseguir sus propios logros, a ser soberana de su propia vida, tomar sus decisiones y tirar de sus propias riendas.

Ahora me encuentro con que las que se hacen llamar feministas, las que reciben las subvenciones, por lo que abogan es todo lo contrario. No sólo no animan a buscar esa libertad, esa autonomía que te da la seguridad de depender de una misma, sino que alientan a las mujeres a mantener una dependencia económica, a mantener lazos económicos con quienes compartieron, en alguna ocasión, sentimientos mucho más importantes que el sucio dinero, (cuando no del Estado), incitándolas además a destrozar, cuanto más mejor, la vida de aquél con el que convivió, animando a sus hijos a que compartan con ellas su odio y su necesidad de venganza. Se me llena el alma de náuseas, no lo puedo evitar. Cuando existen hijos en común se ha de ser lo suficientemente responsable para, pese a la separación y a que el amor ya no existe, facilitar la convivencia de los hijos en ambos sentidos, padre y madre. Se ha de dejar vivir sin asfixiar a todo el núcleo de esas personas que un día formaron una familia. Se ha de ser autónomo y dejar que el otro pueda serlo sin dependencias económicas. Supeditando la propia supervivencia a la del otro, o sea, el tan famoso “san para mí aunque los santos no coman”.

Se feminista de verdad, se independiente y no permitas que nadie tenga que facilitarte, por obligación,  tu vida. Se valiente y luchadora y búscate, por amor propio y por dignidad, tu propio sustento, tu propia estabilidad, tus propios logros. Deja de ser un parásito necesitado de alguien al que agarrarse para sobrevivir. No lo permitas. No permitas que tu propia vida esté repleta de dependencias en las que tengas que necesitar de alguien, porque eso sólo mostrará tu incapacidad ante la vida, tus carencias y tu falta de potencial para ser autónoma. Pelea por ser persona merecedora del apelativo de valiente, por ser dueña de tu propio albedrío. Y cuando te equivoques, cuando las cosas salgan mal, continúa siéndolo y deja que cada uno sea libre de ataduras innecesarias y deja que tus hijos, si los tienes, disfruten de aquellos que decidieron que nacieran por igual, no los prives de sus derechos en el caso de que ambos queráis seguir disfrutando de ellos. Se persona, no lo olvides.